Los he contado uno a uno
para estar seguro,
han transcurrido
124 días
desde que empezó la guerra.
124 dias de sinrazón y muerte.
Y es cierto que nada ocurre
sin que antes
no haya ya ocurrido
así que pronto esa guerra
pasa a ser una más
que sumar a otras barbaries
que ya hemos conocido,
y deja de ser la novedad
que llama la atención.
Porque el paso del tiempo
le añade una luz cotidiana,
pasiva, ya casi indiferente,
que le resta el rigor
con que deberíamos afrontar
las cuotas diarias de sufrimiento
y el dolor se convierte
en algo habitual y rutinario
por los telediarios.
La yerba es humo negro
y debería seguir doliendo
esa luz sobre Ucrania.
Pero ya se nos apaga,
deja de interesarnos
cuando se cronifica,
los muertos de ahora
no son como los del principio,
y la destrucción
de ciudades enteras
entra a formar parte
del paisaje habitual
que ya relacionamos
con ese determinado país.
La cronificación de un mal
le resta interés a lo que sucede,
lo vuelve cotidiano y aburrido.
124 días han dado para convertir
a la guerra en Ucrania
en una más que sumar
a las que nos pasan desapercibidas.

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