miércoles, 29 de junio de 2022

OPINIÓN: JUSTICIA Y POLÍTICA


Después de más tres años de bloqueo de la renovación en el Consejo General del Poder Judicial, los españoles se preguntan con razón si sus tribunales superiores no están acaso también expuestos a la dominación política. Porque el bloqueo no ha permitido que las líneas de conexión entre el voto popular y las instituciones democráticas funcionen del modo en que fueron diseñadas. Es más, un partido ha decidido que ese Consejo permanezca petrificado durante toda la legislatura. Hasta ahora los avisos de la autoridad europea han sido excesivamente respetuosos. Tan solo acusamos un descenso de posiciones en la valoración internacional de nuestra democracia. Un descenso terco y vergonzante que podría provocar que los españoles se hagan preguntas incómodas, pese a que no son aficionados a ello. Preguntas que tienen que ver con el manejo político de lo que habría de ser un mecanismo de control del poder y no una prolongación del poder.

Durante esta legislatura hemos visto demasiado archivo de casos con ribete político, inacción frente a corrupción, guerra sucia parapolicial, y hasta el perjurio de altos responsables citados como testigos. Conviene recordar que el comisario José Manuel Villarejo fundó una asociación llamada Transparencia y Justicia para trabajar con jueces y fiscales en su labor oscura de años y una tal Asociación para la Transparencia y la Calidad Democrática presenta demandas constantemente contra Ada Colau para cercenar su carrera política con alguna imputación. Hemos visto largas tentativas de llevar a juicio a Podemos por tramas tan débiles que ni se lograron articular. Inhabilitar a un diputado por una patada sin huella y a otra destacada líder condenarla por insultar durante la protesta contra un desahucio como si lo único que permite la ley en tal circunstancia es cantar “Del barco de Chanquete no nos moverán”. Y ya no digamos la vista por la imaginaria patada de Íñigo Errejón a un señor o el paseíllo judicial contra humoristas, cantantes o procesionarios de la vagina de plástico. Si la justicia deja de ser percibida como un equilibrio serio, la democracia se va al carajo.

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