Que nadie presuma
ni se sienta importante
por lo que dice, lo que hace
o lo que pueda tener,
pues sea como sea,
cuando ya no estemos
caerá con el tiempo
nuestro nombre en el olvido.
Resulta inevitable
por mucho que nos pese:
Una vez nos hallamos ido,
nadie tiene por qué
acordarse de nuestras obras;
el destino último es que la vida
pase como rastro de nube:
Más tarde o más temprano
nos desvanecemos.

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