Van Gogh consideraba este lienzo (1888) una de sus mejores obras. Representa un café de Arles, abierto toda la noche, donde buscan refugio quienes no son admitidos en otro sitio porque no tienen dinero o están demasiado bebidos. En la sala se ve una pareja y tres borrachos que están dormitando. Desde detrás de la mesa de billar nos observa el dueño del local, cuya figura carece de pies y flota en el aire. Vincent muestra unos personajes aislados y poco cordiales; la actitud de la pareja del fondo del local no es, desde luego, la de dos enamorados, produciendo, por el contrario, una impresión de brutalidad.
El centro de la escena, exceptuando la mesa de billar, que proyecta una sombra inquietante, está vacío y en el cuadro domina una sensación general de abandono, mientras que el colorido vivo y estridente comunica una idea de violencia. Tras la organización del cuadro se oculta, sin embargo, una notable cultura: la multiplicación de los espacios, con las dos puertas del fondo y el espejo de la derecha, semeja un recuerdo de la pintura flamenca del siglo XVII e incluso del XV.
“En mi cuadro del café nocturno he tratado de expresar que el café es un sitio donde uno puede arruinarse, volverse loco y cometer crímenes. Mediante la contraposición de un rosa pálido, un rojo sangre y un rojo vino, y de un suave veronés y Luis XV en abierto contraste con los tonos amarillo verdosos y los duros verdes azulados – todo ello en la atmósfera infernal de un horno al rojo vivo y de un pálido amarillo de azufre – he querido transmitir el sombrío poder de una taberna”
El ambiente del café era uno de los temas predilectos de los impresionistas y de los puntillistas y Van Gogh muestra ser todo menos un artista aislado, ofreciendo una personalísima interpretación de un motivo muy frecuente en la pintura del momento.

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