un viaje sin excusa,
un reto de distancias,
nunca quise ser
transeúnte roto en sus caminos.
Sabedor de sus túneles
y alfombras,
de sus bifurcaciones,
de sus tretas gordianas,
de que nunca decreta
cárcel para los buitres
ni da salvoconductos,
hice largo el trayecto,
pero rumor mis pasos.
De cada recorrido guardo
el polvo de la marcha,
el sol con que se guían
los audaces
y la plata encendida
de las cumbres,
no recelo
de veranos con nieve,
de crepúsculos pálidos,
de posadas con voces
clandestinas,
sigo poniendo nombres
al fracaso de algún ayer intruso,
a las aves y pinos
que me cruzan,
a los patios del sueño,
y escribo, si me deja,
de sus provocaciones,
de sus enemistades,
del amor junto a los acantilados.
Aún espero a Borges
en las noches de tregua
y estrelladas,
no pregunto a quien pasa,
y a veces me escondo
para sonreírle a la alegría,
llorar mis penas
o huir de la gente.

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