lunes, 21 de junio de 2021
EL MUNDO QUE SE ENCONTRARÁN NUESTRAS NIÑAS
Ese soy yo. Tengo una hija de siete años una nieta a punto de nacer, y me hierve la sangre por el mundo que hemos construido para ellas. El fracaso es enorme, si uno se pone a enumerar los horrores con los que se encontrarán: padres heridos en su orgullo que lastran sacos con sus hijas dentro para tirarlas al mar y herir así a sus esposas; madres que pierden a sus hijas para siempre porque han pasado a formar parte de un relato de maldad que hace de ellas putas locas; adolescentes, bellas y libres, son violadas, asesinadas y arrojadas a un pozo; mujeres son juzgadas dos veces por no gritar mientras cuatro hombres de orden, que creen en dios y se besan el crucifijo, les meten la polla en boca y ano… Nuestras hijas son violentadas cuando busquen trabajo, reciben un salario, paren (o no), cuidan, enferman a causa de un sobreesfuerzo que parte de históricas desventajas económicas, sociales, culturales. Pero un hombre trajeado aparecerá en televisión afirmando que lo que sucede es incomprensible. No hay un problema político. Esto no tiene nada que ver con el peso de las religiones ni con legajos agusanados de leyes que cuesta tanto cambiar. Los chicos se levantan de sus butacas durante una representación al sentirse insultados porque una mujer cuenta su historia de maltrato. Estos chicos son víctimas, pero no saben de quién. Un hombre de iglesia manifiesta que los padres asesinan a sus hijas porque existe el divorcio: a los hombres les roban sus crías y matan en un acto de desesperación. Una niña se mete bajo la cama porque reconoce ruidos de golpes, pero esto no tiene nada que ver con la hostia que un día te amorata un ojo y al siguiente temes que te mate, ni con las familias que dicen: “Aguanta”. A muchas mujeres les tienta el suicidio: en comisarías, tribunales, centros de salud, escuelas hay gente sensible, pero hay quien todavía observa con un punto de desconfianza. “Algo habrás hecho,”. Y no digamos, mujer, si sales a la calle, agarras un trapo de color morado y gritas tu rabia por lo que sucede. Serás quemada viva en las redes sociales, insultada, vilipendiada: se atreverán incluso a llamarte feminazi. Nuestras hijas y nietas se merecen algo mejor que esto
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