lunes, 21 de junio de 2021

DESPERTARES

El despertar del anestesiado no es como despertar del sueño. Cada mañana la conciencia llama respetuosa a la puerta, y espera que lleguen poco a poco los colores, el tacto, la memoria, se infiltra muy dulcemente en la respiración y empieza a entrelazar, como ella sabe, el pasado a la trama del día nuevo. El despertar del que vive anestesiado es un martirio de instantánea lucidez. Llega de golpe. Llega de golpe la vida y se te mete dentro y no pregunta. No pregunta si quieres. Te toma de rehén. Y de golpe sabes todo lo que tanto te has esforzado en no saber. Frío en los huesos, violines bien hundidos en la carne. Y ansías que te engañen con la inocencia y sus bombillas doradas balanceándose en la noche como en una verbena onírica. Ruegas que alguien traiga mantas para ese miedo helado que te estremece. Y ruegas que no te suelten así en medio de esa luz que te traspasa los ojos.

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