jueves, 24 de junio de 2021

OPINIÓN: CÓMICAS

Les confieso que me cuesta reír. No estoy orgulloso de ello, ni tampoco sé cual será la razón. Pero suelo verme en una situación en que la gente a mi lado se desternilla de risa por lo que estamos viendo o escuchando, mientras yo me pregunto muy serio por qué se ríen. La risa es insobornable, ni se compra ni se vende ni se impone. Se puede fingir el llanto, el deseo, pero no puede impostarse una carcajada. Los dueños de un teatrillo de Madrid han dicho que contratan a menos cómicas porque son peores que los cómicos. Así, sin generalizar, como una amiga mía, que sostiene que le dan yuyu los chinos: los 1.400 y pico millones, concretamente. Que las chicas no son tan graciosas como los chicos y son demasiado feministas en escena, añaden los patronos, como si se pudiera ser demasiado igualitario. A ver: puedo estar de acuerdo en que algunas han cambiado el hasta ahora dominante ¿humor? falocrático por otro coñocéntrico. Nada nuevo bajo el foco. Lo inédito es que emerge una generación de cómicas sin complejos sin pedir perdón ni permiso. Unas son brillantes; otras, pésimas. Unas me matan de risa; otras, del tedio. Exactamente igual que ellos. Lo que es un coñazo es tener que volver a escribir esto a estas alturas. Hartito estoy de tanta estupidez machista.

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