domingo, 15 de agosto de 2010

CUESTIONES TESTICULARES


Hoy he decidido ponerle huevos (con perdón) a la cosa... Es que he estado pensando en mis testículos y sentí curiosidad por saber algo más de ellos, los pobres, tantos años conmigo y yo desconociendo sus más íntimos secretos. La cuestión testicular es una cosa muy seria, pues al contrario de lo que pensaba Paracelso, que de esto no parecía saber mucho puesto que argumentaba el muy necio que el semen provenía de todas las partes del cuerpo y acudía presto a rellenar las glándulas genitales masculinas durante el acto sexual; los testículos (palabreja complicada para encontrarle sinónimos) fabrican constantemente espermatozoides en los llamados tubos seminíferos (gracias wikipedia, es usted muy amable).

Llegados a este punto, se hace imprescindible informar a mis poco cultivados lectores en materia seminífera, que desde tales tubos las inocentes semillitas masculinas de nuestra infancia salen disparadas a una increíble velocidad de 3 centímetros por hora hasta las vesículas seminales, una especie de balsas que se rellenan del blanquecino y algo pastoso líquido del amor. Sí, ese mismo que los prosaicos y vulgares llaman esperma.

Cuando llega el momento culminante en el que (Vaticano Dixit) se está cometiendo un acto improcedente si no está exclusivamente destinado a la procreación, resulta que el varón eyacula (válgame Dios, si esto lo lee alguien de la Conferencia Episcopal lo tengo crudo). Cuando ocurre, se llega a expulsar una cantidad de semen que oscila entre 1,5 y 6 mililitros, vehículo en el que viajan aglomerados unos 100 millones de espermatozoides (ni el metro de Tokio en hora punta).

Y chúpate esa (no se lo tomen de forma literal, es un mero recurso literario): La fuerza de las contracciones orgasmáticas hace que se propulse el albino elixir a una velocidad verdaderamente mareante de 18 km/hora. Tiene bemoles la cosa, como para no quedar agotado, oiga... Por cierto, que no es por presumir, pero rondando la edad que uno ronda y aunque tal ejercicio de imprudencia temeraria pueda costarle alguna multa con la consiguiente retirada de puntos, el susodicho puede presumir todavía de moverse en semejantes velocidades.

¿Qué se creían? La duda ofende... Eso sí, para repetir que esperen un buen rato. Egoístas, que no piensan más que en ellas...


2 comentarios:

Antoniatenea dijo...

18 Km por hora y todos allá dentro como en el metro de Tokyo???? jajaja!!!

Mándale tus datos al vaticano.La ilustración siempre engrandece el espíritu.

reina dijo...

Me encantó esta faceta graciosa... jaja
"albino elixir" jajajaja