jueves, 11 de marzo de 2010

NERUDA Y LA POESÍA


Amo profunda e incondicionalmente la poesía. Por eso la leo, y esa es la principal razón por la que escribo. Es un género controvertido, pues tiene una minoría que la adora pero también numerosos enemigos que la desprecian. Es necesario vacunarse contra el veneno de estos últimos, porque siempre hay alguien arrojando contra los poetas palabras vestidas del virus de la destrucción.
¿Se han parado a pensar en la figura del destructor? Imagino que todos conocemos alguno: Están siempre ahí, agazapados en cada esquina de la vida: son una especie que nunca estará en peligro de extinción, carroñeros que se alimentan dinamitando ilusiones, emponzoñando la belleza y causando heridas de muerte en los sueños de los demás.
Es curioso el empeño que han puesto los susodichos en dar por muerta a la poesía. Así viene siendo casi desde el mismo momento de su nacimiento, como si molestase que el género literario más minoritario no desfallezca nunca, y siempre logre salir indemne de todas las pruebas a que ha sido sometida. Salen a colación estas reflexiones porque acabo de hacer un hallazgo que me ha emocionado especialmente. Se trata de unas líneas escritas por Pablo Neruda en 1968. Alguien abrió en aquél tiempo uno de esos debates públicos que no llevan a ningún lado para averiguar si la poesía llegaría viva al nuevo siglo. El Maestro salió a la palestra en su ‘Nerudiana dispersa’:

‘Se pregunta usted qué pasará con la poesía en el año 2000. Es una pregunta peliaguda. Si esta pregunta me saliera al paso en un callejón oscuro me llevaría un susto de padre y señor mío. ¿Porque qué sé yo del año 2000? Y sobre todo, ¿qué sé yo de la poesía? De lo que estoy seguro es que no se celebrará el funeral de la poesía en ningún próximo siglo.
En cada época han dado por muerta la poesía, pero ésta se ha demostrado centrífuga y sempiterna, parece ser eterna. Con Dante pareció terminar. Pero poco después Jorge Manrique lanzaba una centella (una especie de "sputnik") que siguió destellando en las tinieblas. Luego Víctor Hugo pareció arrasar, no quedaba nada para los demás. Entonces se presentó correctamente vestido de dandi el señor Charles Baudelaire, seguido del joven Arthur Rimbaud, vestido de vagabundo. Y la poesía comenzó de nuevo. Después de Walt Wihtman, ¡qué esperanza!, ya quedaron plantadas todas las hojas de hierba, no se podía pisar el césped. Sin embargo, vino Mayakovski y la poesía parecía una casa de máquinas: se dieron pitazos, disparos, suspiros, sollozos, ruidos de trenes y carros blindados. Y así sigue la historia.
Es claro que los enemigos de la poesía siempre pretendieron asestarle una pedrada en un ojo o un golpe de garrote en la nuca. Lo hicieron en diversas formas, como mariscales individuales, enemigos de la luz, o regimientos burocráticos que con paso de ganso marcharon en contra de los poetas. Lograron la desesperación de algunos, la decepción de otros, las tristes rectificaciones de los menos. Pero la poesía siguió brotando como una fuente, cantando en el desierto, levantándose como un árbol, desbordándose como un río o estrellándose como la noche en las mesetas de Bolivia.
La poesía acompañó a los agonizantes, y restañó los dolores, condujo a las victorias, acompañó a los solitarios, fue quemante como el fuego, ligera y fresca como la nieve, tuvo manos, dedos y puños, tuvo brotes como la primavera, tuvo ojos como la ciudad de Granada, fue más veloz que los proyectiles dirigidos, fue más fuerte que las fortalezas: echó raíces en el corazón del hombre.
No es probable que comenzando el año 2000 los poetas encabecen una sublevación mundial para que se reparta la poesía. La poesía se repartirá como consecuencia del progreso humano, del desarrollo y del acceso de los pueblos al libro y a la cultura. No es probable que los poetas lleguen a dictaminar o a gobernar, aunque algunos de ellos lo están haciendo, algunos muy mal y otros menos mal. Pero los poetas serán siempre buenos consejeros y cuidado con desoírlos. Muchas veces los gobiernos tienen comunicaciones públicas con sus pueblos. La poesía tiene comunicación secreta con los sufrimientos del hombre. Hay que oír a los poetas. Es una lección de la historia.
Es probable que en el año 2000 el poeta más novedoso, más a la moda en todas partes, sea un poeta griego que ahora nadie lee y que se llamó Homero. Yo estoy de acuerdo y con este fin voy a comenzar a leerlo de nuevo. Voy a buscar su influencia dulce y heroica, sus maldiciones y sus profecías, su mitología de mármol y sus palos de ciego.
Preparando el nuevo siglo trataré de escribir a la manera de Homero. No me quedará mal un estilo tan fabuloso y tan empapado del mar ilustre. Luego saldré con algunas banderas de Ulises, rey de Ítaca por las calles. Y como los griegos ya habrán salido de sus presidios, me acompañarán también para dar las normas del nuevo estilo del siglo XXI’.

Que me perdone el viejo y querido maestro por apropiarme de sus palabras, pero no he podido evitarlo: Son demasiado hermosas para dejarlas pasar sin más.

2 comentarios:

Balamgo dijo...

Hola paisano:
Estupendo y magistral post sobre la poesía.Es extraordinario ver lo que dice el poeta Neruda, unos años atras.Muy curiso, sin duda...
Un saludo.

Pacogor dijo...

Y que estará siempre de actualidad, pues este tipo de debates son cíclicos...
Saludos, amigo.