jueves, 28 de enero de 2010

DE ÁRBOLES Y PERSONAS

Imagen: Composición fotográfica de Reysed
Cada ser humano tiene que madurar y crecer a través de su propio esfuerzo. Nadie puede suplir a otro en la tarea de forjar su destino. Los demás pueden ayudar, aconsejar, animar, pero no pueden reemplazar a nadie en la responsabilidad de tomar la decisión que corresponda. Resulta evidente que estamos condicionados por nuestro entorno, y que intervienen fuerzas exteriores, pero en lo fundamental dependemos de nosotros mismos para conseguir lo que nos propongamos. Somos al respecto como un árbol: Hay que regarlo, abonarlo y podarlo, pero es el árbol el que tiene que crecer. No se puede tirar de las ramas hacia arriba para que lo haga. Los agentes externos facilitan, propician y ayudan, pero no crecen por él.

Decía Neruda que amar es hacer con las personas lo que la primavera hace con los cerezos: Crea las condiciones, pero la realidad es que es el árbol el que crece, el que florece, el que da frutos. La primavera es necesaria para abrir una serie de posibilidades, pero ella sola no hace que el árbol se desarrolle. En plena primavera hay árboles que se atrofian y mueren. Hemos de reivindicar la autonomía del ser humano para llegar a ser lo que realmente quiere ser, dentro de sus posibilidades genéticas, dentro de sus potencialidades, en el marco del contexto que elige. Se trata de desarrollar al máximo y de forma autónoma sus potencialidades.

En ese contexto, la mejor ayuda que podemos prestar es la de que cada uno aprenda a caminar solo. Es la misma receta que deberíamos aplicar con nuestros hijos, porque no se trata de que piensen como nosotros sino de que lo hagan por sí mismos. Ni de evitar que cometan errores, pues forma parte de su aprendizaje. Lo que se pretende no es que decidan lo que nosotros queremos sino que aprendan a decidir y a valorar los resultados de sus decisiones. Educar no significa imponer ciertos valores, sino sugerir, explicar, pero dejando el margen que cada individuo necesite para ejercer su libertad.

Adversidades. Que duro se hace a veces superarlas. ¿Conocen el significado de la palabra Longanimidad? No es demasiado conocida y es una lástima, porque una persona longánima es la que no se arredra ante las dificultades. No es frecuente encontrarse con personas que posean esta cualidad de espíritu. Muchas no saben reaccionar ante situaciones persistentemente difíciles, otras sólo pueden ver el lado negativo de lo que les sucede, algunas se derrumban ante la primera adversidad. Pero los problemas son inevitables: De salud, de amor, de trabajo, de dinero... En realidad sin dolor ni siquiera tendríamos conciencia de nosotros mismos, y la cuestión es cómo reaccionar ante las dificultades y sacar conclusiones positivas para avanzar.
La frase no es de mi cosecha, pero la hago mía: La felicidad no depende de los acontecimientos externos, sino en cómo los consideramos. Sabemos que la vida es complicada. Las personas que nos quieren (amigos, padres...) nos echan una mano para salir adelante. Pero en esencia, somos nosotros los que debemos crear nuestros propios frutos. Aprender a modelar nuestra actitud y a saber ser positivos nos hará más valientes, pero también más sabios, comprensivos, compasivos y solidarios. No perder demasiadas energías en lamentos, en vernos nuestro propio ombligo entristecido, hará que tengamos más tiempo para ocuparnos de los demás.

4 comentarios:

aQuieSToyYo dijo...

Asumir la propia responsabilidad en la felicidad y bienestar de una misma ayuda enormemente a ser feliz. Me ha costado casi medio siglo entenderlo y, ahora que lo he entendido, me gustaría ser capaz de comunicar a los demás la magia de ese secreto.

Con tu permiso, tomo este artículo para enlazarlo desde mi blog. Es justo lo que quería transmitir ayer cuando publiqué una entrada de un autor americano, Adam Jackson, titulado "El poder de la actitud".

Este es el blog: Sin mapa por la vida (por si quieres echar un vistazo a tu entrada en él)

Pacogor dijo...

Con mi permiso y mi agradecimiento...

Ana María dijo...

Me identifico con estas ideas tuyas Paco y con la entrada del "Poder de la Actitud" que ha enlazado aQuieSToyYo. A mí también me ha costado casi medio siglo entender que soy yo y la actitud que tome frente a mis circunstancias la responsable última de mi felicidad. El proceso ha sido agotador; a veces triste, a veces ciego; tantas veces amargo, desesperanzado; y, sin embargo, sigo apoyando a quien soy y mi forma de entender la vida, por encima de lo que he creído siempre que debía ser.

Pacogor dijo...

Aceptarnos, amar lo que somos, estar en paz con nosotros mismos, dejar claro que no tenemos por qué parecernos a nada ni a nadie, tener nuestra propia alternativa de vida... Y extender ese derecho a los demás. Que fácil parece, ¿verdad?