No saben
escribir con tinta:
lo hacen con huellas
sobre la arena,
con alas
contra el cielo,
con patas marcando
caminos en la tierra,
con silencios que nosotros
aún no aprendimos
a escuchar.
Esto es un intento
de hablar en su nombre,
espero que me perdonen
el atrevimiento.
Son los que estaban
antes de nuestras ciudades,
de nuestra manera
de entender la civilización,
de nuestras fronteras,
antes de que el humano
llamara recurso
a todo aquello
que alguna vez respiró
y que utiliza
en beneficio propio.
Son los que vieron nacen
nuestros primeros fuegos,
los que nos acompañaron
en nuestros primeros
pasos erguidos.
Los que nos enseñaron
con su ejemplo
que un individuo no es nada
sin su colectivo,
que la vida no necesita
de conquistas o dominio
para tener un valor.
Son el perro que esperó
una mano amiga
durante años,
el gato que aprendió
a confiar de nuevo
después de un abandono,
el caballo que sintió
el latir de un corazón
cabalgando sobre su lomo,
el pájaro que canta
aunque nadie prometa
escucharle.
Son las ballenas
que cruzan océanos
llevando con ellas
canciones que existían
antes de que nosotros
inventáramos las canciones,
son los árboles y el plancton
que respiran para mantener
la vida en el planeta,
son los mares y los ríos
que seguramente
no entienden
por qué terminan siendo
depositarios
de nuestra basura.
Son también
los que nacieron
para desaparecer
como especie,
los que conocieron la luz
apenas unos instantes
antes de ser encerrados
en una jaula,
los que fueron separados
de su madres
cuando todavia
necesitaban su calor,
los que existieron
sin conocer jamás
lo que es la libertad,
los que entregaron
sus cuerpos
para la diversión
o la ciencia humana
sin que nadie considerara
sus sufrimientos.
Y no nos odian,
ese es un sentimiento
exclusivamente humano.
Pero sí conocen
el agradecimiento:
Recuerdan la mano
que les salvó,
la voz que les llamó
por sus nombres,
la mano que acarició
sus lomos.
Y saben de las cosass
importantes:
cuando se intuye el peligro
hay que buscar refugio,
cuando se ama,
hay que unirse a quien
nos hace bien.
Seguro que no esperan
que seamos perfectos,
pero al menos deberíamos
reconocer que bajo
cualquier piel hay un latido,
que son alguien
por si mismos
y no solo comida,
entretenimiento o mercancía.
Que merecen vivir
y que comprendamos
que para salvar La Tierra
primero debe ser respetada.

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