El alma de la tarde
se hace noche
sin prisa.
Llueve
en un concreto lugar
del conglomerado urbano
llamado Sol y parece
una inconguencia.
Sobre las casetas
instaladas en la plaza
brilla con luz de plata
la esperanza.
Llueve sobre el silencio
en la acampada.
Pero ahí está
el perfume del sueño
de lo que nunca fue,
pero pudo haber sido
y ahora resurge
con brios nuevos.
(…pasa un paraguas rojo
herido en sus varillas…)
Huele a pavimento mojado.
¿Tú también te emocionas…?
Evocadoras, lentas,
caen las estrellas, negras.
Negras
como las lágrimas
de alguien desesperado
por haber
perdido su casa.

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