Con semblante
de augustos sacerdotes,
con asertivos
gestos ensayados,
con vocales de niebla,
le dicen crisis
y un río de dolor
empantana los barrios,
cala el frágil
contrato de las fábricas,
anega los cimientos
de la convivencia.
Le dicen ajuste
y alguien sangra,
alguien se desespera
en la ruidosa
soledad de las cifras,
alguien con ojos
y apellidos pierde
la bitácora
en esta tempestad.
Le dicen, destino,
porvenir, mañana,
y engendran una calavera.

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