¿Cuando abandonas la casa,dime,
qué ángeles malos, crueles,
quieren de nuevo alquilarla?
Dímelo.R. Alberti: Fragmento del poema "Desahucio"
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No es la vivienda
un artículo de lujo
ni una mercancía más
con la que especular:
es una necesidad básica.
Y cuando una sociedad
deja de garantizar lo básico,
la convivencia se pudre
y acaba imponiéndose
la ley del más fuerte.
No habrá entonces
suficientes policías, cámaras,
alambradas ni muros
para contener
lo que se ha construido
durante años:
miedo, desesperación,
incertidumbre
y una paranoia individualista
en la que cada cual
luchará por sobrevivir
a costa de lo que sea
y de quien sea.
La realidad, cuando
se la empuja demasiado,
puede terminar
superando a la ficción.
Dejar en la maldita calle
a una anciana
con problemas de salud,
arrancarla violentamente
de lo que ha sido su hogar
durante setenta años
para que unos buitres
puedan hacer caja
con su sufrimiento,
es algo tan miserable
que destroza en mil pedazos
la imagen en el espejo
donde se refleja
la sociedad que lo permite.
Una reflexión al respecto:A Maricarmen la sacaron ayer de su casa en ambulancia como víctima de guerra. Pero todos los días se ejecutan otros desahucios en barrios menos fotogénicos, sin famosos solidarios protestando, ni medios retransmitiéndolo y no se nos mueve una ceja. Algún día sabremos cuántos suicidios y muertos en vida cuesta esta sangría de la que, unos más que otros, todos somos cómplices. Ojalá Maricarmen se convierta en símbolo y haya un antes y un después de su drama. Lo que es seguro es que, anoche, sus caseros de Urbagestión, que tuvieron la vileza de rechazar cualquier acuerdo, dijeron: “Hasta luego, Maricarmen” y puede que hasta durmieran a pierna suelta. Ya tienen su piso listo para vaciarlo, reformarlo, decorarlo en tonos neutros y sangrar al siguiente.
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