El silencio espeso
manto de zarzas
donde se entrelaza mi rostro.
Rueda como una bola de fuego
que mis dedos han pulido
sobre una piedra
en la esquina de un muro
que no me pertenece.
La hora es falsa
como una vendedora
ambulante
con los labios agrietados.
La hora es de mentiras
un cuchillo ha abierto
los libros
en la misma página
en la misma verja del jardín.
Mis manos sobre las hojas
han ocultado la palabra
con las palmas sin esperanza.
Es el espejo
el que me ha devuelto
el silencio.
Desnuda y llorando
una estatua devorada
por la hiedra
llama a los pájaros tristes
que nunca vendrán.
Es la hora del ocaso.

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