sábado, 3 de enero de 2026

OPINIÓN: BADALONA Y BELÉN


Semanas atrás, el representante de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, declaró en un periódico que el Presidente Sánchez debería someterse a una moción de confianza o adelantar las elecciones, por la falta de apoyos parlamentarios. Fue una muy directa crítica política realizada sumamente llamativa. No seré yo quién le niegue a ese ciudadano su derecho a opinar sobre lo que le de la gana, pero como se trata del máximo representante eclesial en España, sí que podemos valorar una cuestión de fondo sobre cuándo considera la iglesia que debe hacer una declaración política y todas las veces que mira hacia otro lado en cuestiones graves de justicia social. 

El Ciudadano Argüello tuvo a los pocos días una oportunidad de oro para involucrarse de nuevo, y con un buen motivo, en las vicisitudes políticas de este país. En Badalona, el alcalde consumó uno de los desalojos policiales más vergonzosos de nuestra historia reciente, en un instituto abandonado en el que malvivían 400 personas. Lo hizo además con chulería chabacana, convencido de que el rédito electoral de tal grosera medida bien valía pasar por un ratito de sonrojo. Y no tardó en recibir el apoyo de su jefe de filas: Feijóo se mostró de acuerdo con la medida y declaró que es lo que haría habitualmente si llegase a la presidencia del gobierno. 

Es fácil ser un sheriff sin escrúpulos contra los que no tienen con qué defenderse, los débiles son el rival perfecto para salir bien en la foto cuando tu concepto de la moral está bajo cero. En cambio, requiere más valentía enfrentarse a las mafias de la vivienda y el turismo, que son los verdaderos enemigos de las grandes ciudades. Ahí los fuertes se arrugan. Que además el desalojo se produjese en la semana previa a la Navidad, habría permitido al Ciudadano Argüello otra intervención política, pero no se ha producido. Durante los días siguientes, cayeron sobre Badalona unas lluvias torrenciales que obligaron a los sin techo expulsados otra vez de otro asentamiento provisional, a buscar refugio debajo de los puentes de una autovía. No se me ocurre otra imagen más navideña que esta, nos remite al significado humano que nos enseñaron en su día sobre estas fiestas comerciales. La incoherencia es de tal calibre, que el alcalde Albiol podría llevarse de calle, si existiera, el Premio Herodes, galardón que la Conferencia Episcopal entregaría para distinguir al mandamás que menos haga para afrontar el desafío de la pobreza y la desigualdad en su territorio. 

Ahora que algunos presumen de que se ha puesto de moda la religiosidad en libros, películas y discos, nada debería resultar más afrentoso para los que ordeñan la vaca del nuevo misticismo que enfrentarse a la realidad cruel y desoladora que nos circunda ante la indiferencia general. El silencio eclesial se rompió en Badalona cuando una parroquia ofreció, bajo las lluvias intensas, la posibilidad de albergar durante unos días a un grupo de los sin techo. Un grupo de vecinos se manifestó en contra, paralizó la acogida y logró que se barriera a estos nuevos peregrinos con rumbo a la nada. Tan solo Cáritas, la voz de algunos párrocos implicados de verdad y la acción de vecinos que han acogido en su casa a los desposeídos, han logrado que los discursos xenófobos quedaran al desnudo. Toca involucrarse, claro que sí, Ciudadano Argüello, pero menos en la batalla partidista y mucho más en el ambiente hostil con que el humanismo de hoy es recibido cada vez que aspira a que no toda la dignidad de este mundo sea pisoteada sin remedio. Incluido en Navidad, Ciudadano Argüello, supongo que aún le seguirá sonando el significado real de aquella historia relacionada con cierto Portal de Belén. 

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