jueves, 17 de julio de 2008

A LAS BARRICADAS


Hemos cubierto con éxito
nuestra travesía del desierto,
y aquí estamos:
Somos los rechazados,
los marginados,
los relegados al rincón
por no caber en la horma,
andábamos aparentemente derrotados
y con el alma envuelta en sombras
arrastrando frustraciones por el piso,
lamentando los premios que no llegaron
o el tiempo que hemos pasado
lamiéndonos las llagas,
llorando las guerras perdidas
en madrugadas insomnes
a solas con nosotros mismos.
Somos los marginales
de la normalidad, la moderación
y las buenas costumbres,
impregnados con el sello del rechazo,
la invisibilidad y el olvido.
Puede que en nuestras caras
a veces se refleje la pena,
que la arena de las oportunidades
se nos escape sin remedio
entre nuestros puños cerrados
por la impotencia.
Pero somos muchos,
y se acabó el inclinar la cabeza
para hacer ímprobos esfuerzos
por pasar desapercibidos.
Despreciamos profundamente
a los que van de triunfadores por la vida
y en su estúpida ceguera
no aprecian lo que verdaderamente
importa en la existencia.
Sí, aquí estamos desafiantes
los no convidados, los nunca aceptados,
los que no hemos sido protagonistas,
meros figurantes que no saldrán jamás
en los títulos de crédito,
ni serán invitados a reuniones
de alto copete,
o saldrán diciendo estupideces
en las portadas.
Tenemos la memoria desbordada
con las negativas recibidas,
en los oídos aún nos tintinean
los menosprecios, las burlas,
las sonrisas despectivas,
los esguinces en la moral,
las puñaladas recibidas por la espalda
y las largas jornadas de convalecencia.
Aquí estamos, y no nos van a echar:
Es la hora de hacernos oir
porque somos la esperanza del futuro.