domingo, 23 de octubre de 2011

TESTIMONIO


Por una vez y sin que sirva de precedente, la entrada de hoy merece una explicación para ayudar a entender el contexto en que el poema ha sido escrito porque hay una historia que vale la pena entender:
Ernest Lluch llegó a ser Ministro de Sanidad y Consumo en uno de los gobiernos socialistas... Pero ante todo era un librepensador y un hombre de bien que siempre apostó por el diálogo y el entendimiento para resolver los conflictos. Y se convirtió en uno de los pocos políticos españoles que han despertado la más sincera admiración e incluso diría que cariño a nivel personal de este autor. En 1986 se retiró de la política para dedicarse de pleno a la enseñanza. Acabó por convertirse para algunos, entre los que me encuentro, en una especie de guía moral con su ejemplo. En Noviembre del año 2000 fue asesinado por ETA: Un terrorista de la banda le descerrajó dos tiros en la cabeza.
Esa noche lloré su pérdida y el amargo sinsabor de la desesperanza permaneció durante mucho tiempo porque si un hombre de ese talante se convirtió en un objetivo terrorista, ya nada tenía sentido.

Ahora que ETA ha anunciado el abandono de las armas me he tropezado con una entrevista en el diario Público donde su hija explica las reacciones que le ha supuesto este hecho:

Su lectura es una verdadera lección moral y ha despertado sentimientos que ya creía olvidados... El resultado es el siguiente poema y puedo asegurar que ha costado horas de tensión a flor de piel escribirlo.



Como vienes del dolor
y traes viejas humedades
originadas en una tragedia
de inhumanidad y barbarie...
Como llevas el corazón
dignificado de tolerancia
por aquél que te dio la vida
antes de que nos lo arrebatara
la crueldad del fanatismo...
Dime antes que nada
qué hacer con la tristeza
que me impide celebrar
como debiera el acontecimiento
tan largamente esperado.
Dime bajo qué alas de mariposa
se originan tus palabras
cargadas de simbolismo
desde el otro lado de la noche
donde el perdón se genera.
Porque si llegada esta hora
ejemplarizas generosidad,
es imposible ser menos
en nuestro fuero interno
para los que lo vivimos
desde una cierta distancia:
Jamás osaría compararnos,
pero te aseguro, Eulália,
que yo también recuerdo
a ese hombre que ambos
llevaremos siempre en el alma...
Y si tú perdonas, yo perdono,
si tu emocionado homenaje
para honrar su memoria
en esta significativa hora
es una apuesta de paz,
yo también brindo por ella.
De ninguna manera quiero
volver a estremecerme
con las secuelas de una violencia
que carece de sentido,
y estoy seguro de que Ernest
es el primero en celebrarlo.


A la hija de Ernest Lluch, en la hora de la paz

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