lunes, 27 de septiembre de 2010

EL TELÉFONO


Miro el teléfono de nuevo. En realidad lo llevo haciendo todo el tiempo. Pero no es como en las películas, donde los protagonistas cierran los ojos deseando que suenen y lo hacen con ese ring auténtico, tan característico, con el que no hay lugar para la duda. Además les acompaña esa especie de vibración parkinsoniana casi de centrifugado de lavadora, como si quisieran ponerse de pie y gritar que los cojan...

Pero mi teléfono está callado. Lleva así mucho tiempo y no parece que eso vaya a cambiar. Por mucho que lo miro, porque lo miro todo el rato, permanece inmutable, impasible, indiferente, casi como un virtuoso del ostracismo.

En mi cabeza sí que suena. Claramente. Pero sé que ese sonido no es real, sólo un deseo particularmente irrealizable y terriblemente duro de sobrellevar.

El teléfono ha muerto y es imposible que suene. Probablemente por eso estoy llorando.
¿Por qué si no va a ser?


2 comentarios:

reina dijo...

Esperamos
al lado del teléfono
a que suene
como si la cercanía
y nuestra mirada
lo hicieran sonar...
Ni siquiera nuestras lágrimas
lo conmueven,
al muy frío auricular...

Tan cierto como real...
Un beso

Antoniatenea dijo...

Y no solo en esa espera el fantasma del teléfono remanifiesta descaradamente sonando estrepitosamente mientras lo miramos..Sino que el fantasma del tiempo se hace monstruosamente gigante al mismo tiempo y un minuto se convierte en un gigante espectro de horas...Como no...Esa espera torturadora creo que en algún momento la hemos sufrido todos...y no sirve no mirar el teléfono porque su fantasma aparece de igual forma.
Tienes una manera de narrar que me encanta!