martes, 20 de octubre de 2009

POEMA DE UN CAMINANTE



Últimamente he descubierto
que me gusta vagabundear
por los montes de mi isla.
Desde la última vez
un poema anduvo
rondando por mi mente,
para agradecer las impresiones
que me han causado sus paisajes.
Nació impregnado en la humedad
de los viejos caminos de Anaga,
donde he redescubierto
la verdadera raíz de esta tierra,
un lugar incomparable
para los que amamos
aquellas montañas y valles,
y hemos crecido a la sombra
del ramaje de sus árboles
entre rincones donde casi
no puede penetrar el sol.
¡Qué hermoso horizonte,
tan familiarizado con el mar
que nada sobre sus costas!...
Forma parte indisoluble
de nuestro espacio vital,
en una relación casi sacramental.
Recorriendo los senderos
que surcan como venas
esos lugares recónditos y llenos
de un resplandor singular,
se me ha llenado el corazón
del cálido olor orgánico
que esta tierra desprende,
plasmado en mil colores
por su carne fragmentada.

2 comentarios:

salvadorpliego dijo...

Me gustaron tus versos, tienen calidad y un buen ritmo. Te felicito.
Un placer leerte.

Pacogor dijo...

Gracias, amigo. Se agradecen tus palabras.