sábado, 1 de agosto de 2009

NOCHE DE VERANO


Apoyado en el quicio de la noche,
las sombras me acompañan
con aromas de simientes y sal,
mientras el aliento de la brisa
suaviza los rigores del verano.
El corazón se llena de silencios,
se me duermen las palabras,
y los sueños comienzan
una danza risueña entre las sienes.
Un cielo colmado de estrellas
me lanza destellos cómplices
que iluminan el crepúsculo
con una sonrisa apacible
haciéndole guiños a la vida,
y enviando un mensaje de paz
a lo más profundo de mi alma.
Mis ojos se pasean mientras pienso
en que instantes así
son los bendecidos por la fortuna:
Es lo más parecido al cielo
que nunca llegaré a conocer.
Siempre que pueda apreciar
el valor de momentos como este,
creo que valdrá la pena
esperar la luz de un nuevo día.