sábado, 10 de enero de 2009

CARTA DESDE LA MUERTE


Desde que resucité, no han dejado de aumentar las ganas de comunicarme, porque lo considero sumamente importante: Es la razón de esta carta. Lo he intentado una y otra vez, hasta que al fin descubrí la manera de hacer que mis palabras lleguen hasta ustedes. En tales circunstancias, lo que siento debe ser lo más parecido a sentirse vivo de nuevo. Aunque la alegría esté matizada porque en mi memoria están grabados todos los episodios que viví (es un decir) mientras fui cadáver: Recuerdo la infinita sensación de agonía, que no desaparece en absoluto con el último respiro... La tristeza de saberme muerto lo matizaba todo, y resultaba una tortura pensar en la cantidad de cosas que me quedaron por hacer, unas por el temor de intentarlo, y otras simplemente por haber aceptado las cargas que la sociedad me imponía y rendirme a las condiciones que te impone. Espero que sepan entender que se lleva mal el proceso de cambios que acarrea morirse. Pero sobre todo, es insoportable sentir el dolor que estás causando a los demás.
Todo me resultaba extraño: Me dolían las sienes, sufría un frío espantoso, cuando intentaba hablar las palabras me salían de afuera hacia dentro (con lo que no conseguía que me escucharan), descansar era una quimera, me asustaba el sonido de mis huesos rechinantes, no podía soportar el hedor que despedía, y era horrible creer que el corazón se congelaba.
Pero a pesar de todo eso, desde el primer momento tuve claro que era absolutamente necesario que las personas que sufrieron mi pérdida estaban obligadas a seguir adelante con sus vidas, idea que se convirtió en una obsesión. Los vivos no saben que el amor se prolonga a través de la muerte, y que el cielo existe: Es saber que tus seres queridos son felices. Y por el contrario, ya pueden imaginarse lo que significa el infierno, prefiero ni nombrarlo porque lo viví durante más tiempo del que creía ser capaz de soportar. Ahora que las cosas encajan y cada uno asume el protagonismo que ha de tener, por fin puedo descansar.
Y es que el amor es un sentimiento tan grande que no se esfuma cuando la gente deja de padecer por nuestra desaparición, cuestión que es obsesión de mucha gente. Parece que mis seres queridos así lo han asumido, o será que mis esfuerzos para que lo entendieran han sido positivos. Muy al contrario, cuando los recuerdos que matizan tu presencia son los agradables, los que llenaron los días felices, uno se siente hermoso y deja de sobrellevar las consecuencias del dolor que causa. No se puede vivir la vida de esa manera, pero tampoco la muerte.
Por eso digo que he resucitado, aunque ya no me encuentre en la nomina de los vivos. Ahora los días pasan fáciles, velando por los míos desde la distancia. Disfruto enormemente comprobando como rehacen sus vidas y me esfuerzo en todo lo posible para que sus nuevas ilusiones se hagan realidad. Lo tomo como un homenaje a mi memoria, porque si mi máximo afán era que fuesen felices cuando aún tenía que ocuparme de mi propia existencia mortal, imaginen ahora que ya no tengo que preocuparme de esas nimiedades. Los días se deslizan suavemente por el calendario parado para siempre: Afortunadamente la vida sigue, y no se pueden imaginar como lo celebro. Por ellos. Por ustedes. Y aunque pueda parecerles un contrasentido, hasta por mi mismo.

2 comentarios:

вєιñα dijo...

"Disfruto enormemente comprobando como rehacen sus vidas y hago todo lo posible para que sus nuevas ilusiones se hagan realidad."

Yo también lo hago.
Y sé que el sonido de mis palmas apludiendo no llegará hasta ahí, pero que sepas que en mi mente, mientras leía esto, me imagina un teatro y la gente aplaudiendo(:

Pacogor dijo...

Que quieres que te diga, Bea... Siempre he pensado que la felicidad se disfruta mientras se reparte. Es algo que compartes, o acaba pudriéndose. Como todas las cosas buenas que la vida nos ofrece. Suelen ser tan escasas que un poco de generosidad siempre le viene bien al mundo que nos rodea.
En cuanto a los aplausos, se agradecen. Pero sé que los tuyos son por cariño, así que no te lo tomo demasiado en cuenta, jejeje.
Un beso, poetiña.