viernes, 24 de octubre de 2008

TRISTEZA


Hacía tiempo que no me visitaba. Pensé que había logrado encerrarla en el lugar más sombrío y profundo del corazón. Estaba convencido de haberla dominado para siempre y que no hay ahora mismo razones objetivas para que hiciese acto de presencia. Pero es fuerte, escapó a todas mis barreras defensivas y esta tarde me atrapó por sorpresa mientras pasaba la tarde tranquilamente en casa.
Estoy hablando de la tristeza, pero no una cualquiera, sino de la que te lleva a un lugar tan árido e infinito que te seca por dentro. Nace más allá de cualquier angustia, es una sombra que se te pega al alma y oscurece los sentimientos, a las manos que parecen tocar la muerte, a las pupilas que oscurecen la mirada hasta volverla gris ceniza, al vacío constante del sueño eterno...
No hay razones que lo expliquen, sólo entiendes que está ahí: Toda la tristeza del mundo concentrada en el agujero negro que se te abre en el pecho y te obliga a tragar espinas que rompen la garganta y humedecen los ojos.
Sé que la vida es un regalo demasiado grande para dejar que renazca el ser oscuro que fui un día, pero el alma es un collage complicado donde a veces se superponen las emociones porque es imposible mantenerlas controladas siempre. O quizás es que las viejas cicatrices a veces duelen sin motivo aparente y convierten la realidad en humo. Que más da. He llegado a pensar que esta tarde me unía a los refugiados, a los continentes maltrechos, a los pueblos desesperados a causa de mil injusticias... Y es entonces cuando entiendo que es ineludible relativizar las cosas, porque lo mío se convierte en mera anécdota aunque una extraña luz se pose en las paredes y el corazón se ahogue en melancolía...

1 comentario:

Anónimo dijo...

SEÑOR: usted toca el alma cuando teclea.te hablaré de tú como prefieres,según me pediste.Creo que estás rodeado de aviones que van y vienen de muchos lugares. El que tú pilotas va directo al corazón sin hacer escalas.