martes, 7 de octubre de 2008

SOLA


Mi trabajo es de lo más sencillo. Sólo tengo que sentarme en el rincón que me han asignado y controlar lo que ocurre en esta sala perdida del laberinto de cuadros y esculturas que es el museo. Mi cometido es vigilar atentamente que se respeten las distancias entre los ojos de los visitantes y las pinturas.
Desde hace algún tiempo hay una novedad, que ha alterado la rutina de siempre: Un hombre llega a mi sala y se pasa las horas mirando aparentemente las obras que hay expuestas, pero sé que en realidad me mira a mi. Imagino que no sospecha que lo he descubierto, porque yo también lo observo de reojo cuando se distrae...
Me gusta que me mire y los nervios que me hace pasar por su culpa. Y en alguna ocasión he llegado a sentirme como el cuadro más hermoso de los que soy responsable. Sé muy bien que no se me puede considerar ninguna obra de arte, pero él tampoco lo es embutido en su viejo traje gris, la camisa que seguramente le ha comprado su mujer y los calcetines negros, probablemente un regalo por el día del padre...
No me hago ilusiones de que la historia avance un paso más. Probablemente nos baste a los dos para recompensarnos de muchas cosas. Nuestro lenguaje será el silencio, pero es bonito imaginar que en su mente haya pinceladas de deseo atravesando el azul oscuro de mi uniforme.
Pero quién sabe. Igual nada de esto sea cierto. Quizás sea una jugarreta de mi mente, cansada de tanta soledad. Porque hace tres días que no viene. Y yo sigo sentada en mi sitio de siempre, rodeada de gente que ni siquiera nota mi presencia: Desde luego, hoy me siento más sola que nunca...

1 comentario:

вєιñα dijo...

Porque será que me siento igual de sola...