martes, 15 de julio de 2008

EL PODER DE LA MAGIA


Esta es una historia que no tiene nada que ver con los cuentos, aunque hable de magia. Ocurrió hace mucho tiempo, a principios del siglo XXI, cuando el ser humano comenzaba a sentar las bases para lanzarse a la aventura de la búsqueda de nuevos mundos y que le llevó a dejar atrás su planeta de origen, La Tierra. Era aquél un lugar único, pero no porque albergara una extraordinaria variedad de vida y el agua ocupase dos terceras partes del total, sino porque fue el único sitio conocido donde la magia existió. Estaba en todas partes, aunque sus propios habitantes no lo supieran. Algunos llegaron a creer en ella, pero más por fe que por otra cosa. Esa circunstancia les llevó a pensar que era un don que poseía alguna gente, cuando lo único que hacían esos seres era captar su esencia, transformarla y ponerla al servicio de los demás. El error de interpretación les llevó a imaginar seres prodigiosos que sobrevivieron en los cuentos y las historias de fantasía. En realidad la magia elegía a sus hijos entre la gente corriente. Nuestros protagonistas formaban parte de ese grupo, aunque no llegaran a saberlo hasta casi el final de sus días saberlo nunca, pero en determinadas circunstancias intuían que algo extraño y maravilloso ocurría en sus vidas que se salía de lo normal y les emocionaba profundamente.
Ella siempre había querido ser un hada: Vivir en el bosque y adornar su cabello con coronas de flores. Tenía la esperanza de que las fuerzas de la naturaleza enviarían a alguien para guiarla a cumplir con su destino. Cada mañana se miraba en el espejo e intentaba comprobar si comenzaban a salirle las alas. Pero aunque con el transcurrir del tiempo lo deseaba cada vez con más fuerza, pasaron los años sin que sucediera nada. La gente sonreía con conmiseración cuando contaba su sueño. Ella no entendía que todos se empeñaran en que llevase lo que llamaban una vida normal: Que dejase las ‘locuras’ de hablarle a los árboles, brindarle canciones a los pájaros, escaparse de noche para pedirle consejos a la luna y preguntarle cuando vendrían a buscarla. Mientras le consideraron una niña lo soportaron, pero al llegar la adolescencia sus padres le prohibieron tajantemente tales actividades. La muchacha, en su desesperación, no podía saber la realidad de lo que sucedía: Su extrema sensibilidad había captado la magia vibrando en el aire, pero le era imposible abrir su corazón y dejar que el encantamiento la impregnase por completo. Poco a poco el ansia que la embargaba se fue apagando y con el paso de los años hasta olvidó que una vez quiso ser un hada. No quiere decir esto que se convirtiese en una persona infeliz: Estudió, consiguió un buen trabajo, se enamoró, formó una familia... Una vida como cualquier otra, a la que aspiraban la mayoría de los humanos en aquella época. El caso es que siempre supo que algo le faltaba, como si hubiese tenido que renunciar a lo que, por otra parte, seguía sin poder identificar...

Él era un espíritu inquieto desde pequeño, pero en el fondo también un poquito cobarde para aceptar las expectativas que el corazón le pedía, y luchar por ellas hasta las últimas consecuencias. Pasó lo que siempre ocurre cuando se combinan los sueños con la falta de empujes para oír su llamada y ponerlos en práctica: Muchas esperanzas y pocas realidades. Un aspecto positivo de su carácter era su desprecio más absoluto por cuestiones tan mundanas como el dinero y la posición social, pero sentir una llamada en tu interior y no traducir su significado es acabar en un estado de abandono y desidia que nos puede llevar directamente a la sensación del fracaso más absoluto. Como tantos otros, también llevaba una vida aparentemente normal, una existencia gris, anónima e indolente. No captaba la llamada que la magia hacía continuamente en sus puertas para compartir un futuro juntos: Eran los momentos en que se descubría a si mismo con la mente en otra parte, ideando historias que lo convertían en protagonista de las vidas que quizás hubiese querido ser. No podía saberlo, pero era el preludio de lo que vendría más tarde, cuando las inquietudes que le sacudían por dentro se volvieron tan insoportables que se decidió a plasmarlas en un papel. Por fin daba salida a su única arma para ser feliz, la imaginación. No fue un proceso sencillo, pero de alguna manera había algo en lo que comenzó a sentirse realizado. Perseveró como nunca y los resultados empezaban a llenar de contento su espíritu...

Se me olvidaba decir que ninguno de nuestros protagonistas se conocía... Hasta que llegó el momento que les cambió la vida a los dos. Las primeras veces que estuvieron en contacto nada en especial sucedió. Incluso llegaron a mantener alguna conversación en varias ocasiones, sin que sintieran nada en especial en esos contactos iniciales. Pero la magia, que de todo está pendiente pues vive en todas partes, captó lo que nadie veía y aprovechó su oportunidad. De alguna manera hizo que llegase a manos de nuestra amiga uno de los escritos de él. Fue como si sintiese que alguien tocaba en el cristal de la ventana de su alma y se desvanecieran los barrotes que pacientemente había levantado contra el poder de la fantasía. Él sintió algo parecido, le fue transmitido por el aire. Esa noche, al dormirse, los sueños regresaron con la fuerza de la erupción de un volcán, como si alguien derramase sobre ellos los polvos dorados de algún hechizo y al instante se sintieron volar juntos sobre las montañas, los barrancos y los mares. Al despertar de esa maravillosa experiencia, inevitablemente eran personas diferentes, aunque en apariencia todo siguiera igual: Él necesitaba escribir para su nueva amiga, y ella leer lo que sabía que le habían escrito. La magia decidió convertirlos en creador de historias y musa inspiradora.
A veces me asalta la duda de si lo que les unía era amor o simplemente amistad. Porque cuando volvieron a encontrarse después de la experiencia sensorial en que fueron tocados por el poder de la magia, se reconocieron al instante, y nació un vínculo que sólo ellos conocían y los volvió inseparables. Puede que realmente hubiese amor, pero manifestado de una manera diferente. Por lo demás, siguieron con sus respectivas vidas, eran en apariencia dos amigos que se encontraban de vez en cuando para hablar de sus cosas e inquietudes. Pero sabían que se necesitaban el uno al otro, y su verdadera manera de encontrarse era a través de la imaginación que ella inspiraba y que luego él transcribía al papel. Nunca contaron a nadie su secreto, no les hacía falta. Tampoco se aprovecharon para sacarle una rentabilidad económica: Algo en su interior les decía que si daban ese paso, sería una vil traición al poder que les había unido.
Así vivieron, cumpliendo con su destino, siendo un verdadero equipo cada uno en su función, saboreando el maravilloso efecto que su trabajo en conjunto causaba en los demás. Y en los escasos momentos en que se veían, la magia vibraba con tanta fuerza que era captada por todos los seres sensibles que habitaban el mundo, aunque estuvieran en el otro lado del planeta.
Cuando se hicieron mayores, dos viejecitos encantadores a los que todo el mundo apreciaba, simplemente desaparecieron. Nadie volvió a saber nada de ninguno de los dos. Pero dicen algunos que simplemente obtuvieron al final el mejor premio a su abnegada labor, de sembrar buenos sentimientos entre la gente: Cuentan que la magia decidió darles el mejor premio: Estar juntos siendo lo que siempre habían querido: Ella pudo convertirse en un hada que flotaba resplandeciente entre la floresta, siempre con flores en el pelo. Y él se transformó en un duende que vivía pendiente de la felicidad de su compañera y de mantener verde y florido el bosque que se había convertido en su hogar.

1 comentario:

вєιñα dijo...

Que lindo, en serio!
Lo he leído dos veces ya! (=
Preciosa historia con la que me he identificado un poco...