lunes, 30 de junio de 2008


Discutíamos tanto, que un día las palabras oscuras que tan frecuentemente salían de mi boca dieron en el blanco. Aquellas gotas de sal que mi ceguera prefería explicar como sudor de tu mejilla, se me revelaron amargas lágrimas en los labios. Hube de reconocer que tu corazón gemía y yo era el único culpable. No hubo acusaciones por tu parte, pero si juicio por la mía: Me condené a concederte la libertad. Ahora estoy preso de una desesperación que desconocía, pero al menos me queda el consuelo de haber dejado de ser tu carcelero.

3 comentarios:

вєιñα dijo...

Ya era hora de que me pasara por este rinconcito, ¿no?
Me alegran mucho leer las opiniones que me escribes en el blog, me ayudan mucho, aunque no lo creas.

No vale la pena discutir... en serio.

CRO dijo...

ja... yo me he liberado de mi carcelero hace poco mas de un mes... y realmente es un alivio aunque por momentos pese la soledad pero mejor sola que mal acompañada no?
besos. espero que si voy a tu territorio no me quieras encarcelar heeeee

Paco dijo...

Lo primero es saludar a la recién llegada: Es una alegría tu visita, Beiña, y también saber que no doy demasiado el coñazo con mis comentarios. Es curioso, porque tengo tendencia a la melancolía, pero no puedo soportarlo cuando la veo en los demás. Así que ánimo y a tirar p'alante,
Puedes estar tranquila en cuanto a lo de discutir: Lo del carcelero es sólo una historia (y esto también va por Cro). Que en mi particular visión de la vida, las llaves sólo deben usarse para abrir los corazones de la gente y que se sientan queridos, pero libres.
Saludos, y sienta bien que la familia vaya aumentando poquito a poco: Hasta estoy pensando en adoptarlas (por la edad podría, lástima que la cuenta coriente esté siempre en rojo. Esa es una dificultad con la que hay que contar. Jejeje)