viernes, 30 de mayo de 2008

REFLEXIONES EN TORNO AL DÍA DE CANARIAS DE 2008


El 30 de Mayo se celebra el Día de Canarias. Nunca entendí muy bien el sentido de esta conmemoración, pues en otros lugares es una celebración que viene de antiguo y está enraizada entre la población: El Aberri Eguna en el País Vasco, o la Diada en Cataluña son ejemplos significativos que sirvieron incluso durante los tiempos oscuros de la dictadura para mantener viva la llama de la reivindicación no sólo nacional, sino de los valores democráticos. En estas ínsulas la fecha recuerda la creación del primer Parlamento de Canarias, que luego daría lugar a las demás instituciones que dieron voz a la autonomía de las islas. Cuestión que no deja de ser histórica, pues por primera vez teníamos una voz legislativa propia, pero que puestos a celebrarla no pasa de determinados actos institucionales, algún evento festivo o deportivo en el que se hace hincapié en el “hecho diferencial canario”, y que la parrilla televisiva se llena de contenidos referidos a las islas. Por lo demás, la jornada para la mayoría de la población no pasa de ser un festivo más que discurre entre la general indiferencia, aunque mención aparte merezca el esfuerzo que realizan los centros de enseñanza por organizar con los alumnos multitud de actos que sirven al menos una vez al año como reflexión sobre la cultura y la tradición como hechos diferenciadores, en este mundo globalizado de progreso basura y civilización de ‘usar y tirar’.
Desde estas páginas virtuales estamos de acuerdo en que los nacionalismos, en su concepto ideológico decimonónico, se han convertido en una rémora para el avance social y democrático de los pueblos. Pero también es cierto que el hecho diferenciador se torna en una cuestión vital, no para separar a una colectividad del conjunto, sino para complementar la sociedad global y enriquecer la inmensa variedad cultural y antropológica que conforman los pueblos del mundo. Si despojamos a la expresión ‘señas de identidad’ de un sentimiento de rechazo a lo foráneo, nos quedamos con algo siempre complicado de definir, pero que sirve para aglutinar un núcleo social alrededor de un entorno geográfico, una historia, y un proyecto de convivencia comunes.
En un archipiélago situado en mitad del Atlántico, geográficamente en el entorno africano, políticamente europeo y sentimentalmente siempre mirando hacia América, la cosa no ha sido fácil. Hasta que los medios de transporte se modernizaron, la lejanía fue un hecho fundamental en nuestra historia, aunque siempre hemos sido lugar de escala y paso entre Europa y América, y hoy aún es una cuestión importante en el tema económico. El territorio insular es un ecosistema frágil y el mar es una frontera no sólo física, sino también sicológica para los canarios. Resulta una contradicción inexplicable como es posible que amemos tanto estas islas y al mismo tiempo hayamos permitido que las hayan degradado hasta el punto en que lo han hecho, en nombre de eso tan ambiguo que llaman progreso. Quizás porque siempre fuimos pobres, y llevamos en los genes el hambre y la miseria que pasaron nuestros antepasados durante siglos y la necesidad que tuvieron de emigrar como tabla de salvación. Aunque puede que esta explicación produzca una sonrisa de conmiseración en los especialistas en sicología social, no creo andar mal encaminado al pensar que inconscientemente nos ha dado igual lo que sucediera, con tal de borrar el pasado como posibilidad de futuro.
El caso es que seguimos viviendo en un entorno privilegiado. A pesar de los males de un planificamiento urbanístico demasiadas veces caótico y desorganizado, estas islas tienen un poder de seducción que engancha, te atrapan sin casi darte cuenta y exigen un amor absoluto. Basta con ver a un canario fuera de su tierra, por muy cosmopolita que se precie: Siempre andará con un pié dentro y otro fuera, con la añoranza como compañía.
Ya ven. Al final también conmemoramos desde aquí esta jornada. Y al hacerlo surge la necesidad de preguntarse por el presente y el futuro. Como en eso que llaman poderes premonitorios andamos por aquí bastante escasos, quedémonos con el presente. Bastante desalentador si echamos un vistazo al tema institucional, por cierto. Ya que padecemos un Presidente de Canarias enamorado de las frases rotundas y grandilocuentes ("no me temblará el pulso", "no me pondré de rodillas", "no cejaré en el empeño”, por poner tres ejemplos), ahí va una: Canarias está sufriendo en la actualidad el peor gobierno autónomo de su historia democrática. En un entorno de crisis económica, D. Paulino Rivero y sus huestes en lugar de poner medidas para suavizarla, se han lanzado con ánimo de cruzados a sumergirse en batallas contra todos los sectores sociales y económicos habidos y por haber: Principalmente en sectores tan importantes como la sanidad y la educación, por el furor que ponen en destruir el sector público y favorecer la iniciativa privada. Luego están los planes de empleo, el uso racional del suelo, las hipotecas, la política de renovación de las camas turísticas, el trato de favor a las grandes superficies en detrimento del pequeño comercio, la negativa a hablar de corrupción en determinados niveles... Eso sí: Les encantan las iniciativas políticas que se presentan a bombo y platillo para quedar en papel mojado poco después. Pero también está esa sensación que transmiten de ver enemigos por todas las esquinas, la manipulación descarada de los medios de comunicación y el desprecio olímpico del que alardean en lo referido a la opinión pública.
Se avecinan tiempos duros a nivel internacional, con las crisis del petróleo, el sector alimentario y la banca. En las islas los índices de paro y de precios no paran de subir. Sería de desear para afrontar estos tiempos duros que hubiese diálogos abiertos y acuerdos francos entre todos los sectores sociales para afrontar las dificultades. Y sería obligación de los gobernantes tomar medidas en ese sentido. Pero si algo ha caracterizado precisamente al actual Gobierno de Canarias (y quizás sea por lo que se les recuerde en el futuro), es su absoluto y frontal rechazo a negociar algo en cualquier sentido. Una lástima, pero es lo que hay.

1 comentario:

decoanisa dijo...

Hola, Estoy de acuerdo con lo que las islas enganchan, pues ya voy varios años aqui y no me canso de ellas, son un pequeño paraiso.
Me convierto en tu seguidora y te invito a mi blog, espero contar con tu amistad. http://decoanisa.blogspot.com/ te espero