lunes, 3 de marzo de 2008

EL CANTO MISTERIOSO

Desde pequeña se había destacado por su carácter rebelde. Su padre lo achacaba a que nació la noche de la mayor tormenta que se recordaba en aquélla apartada zona, porque la naturaleza de algunos seres está marcada por el entorno que captan al nacer. Siempre fue una cría inquieta, pero con la adolescencia se agudizó la sensación de una fiebre interior que la consumía. Sólo haciendo largos recorridos paralelos a la costa lograba encontrar algo de paz. A menudo recalaba en un lugar apartado, y apoyada en una roca, con una voz bellísima entonaba melodías que harían derretir el corazón del más duro ser humano.
Un día en que el cielo era atravesado por una extraña serenidad, un hombre alto y de piel morena caminaba cabizbajo por el sendero que llevaba al mar. Hacía dos días que había llegado de su última singladura, que acabó en desastre cuando el barco pesquero se hundió de repente, llevándose con él a compañeros y amigos. Ser el único sobreviviente de un drama de tal calibre le hacía experimentar un sentimiento de culpa tal, que se hacía insoportable.
Sumido en sus cavilaciones, caminaba sin rumbo cuando llegó a sus oídos una voz femenina, que lanzaba al aire un sonido que nunca antes había escuchado. El canto parecía impregnar todo lo que le rodeaba, pues hasta las plantas y las rocas vibraban al son de la música. Después de un tiempo de parálisis que luego no pudo ser capaz de cuantificar, se dio cuenta de que la magia provenía de algún lugar del mar, por lo que se obligó a acercarse a un pequeño promontorio desde el que se podía dominar con la vista los alrededores. A lo lejos, cerca de los arrecifes, y apoyada en una roca en medio del mar, una figura que parecía ser de mujer era la causante del prodigio. Hasta las olas guardaban silencio, ensimismadas.
El hombre sintió como la extraordinaria armonía le penetró en las venas y se fue apoderando de su organismo, liberándole de cualquier vestigio de tristeza y culpabilidad. Lágrimas de felicidad bajaron por sus mejillas, dejando una huella húmeda entre sus pies. Paulatinamente el sonido se fue apagando hasta desaparecer. En pocos segundos, todo volvió a la normalidad: El rugido de la mar, los gritos de las gaviotas acariciando las nubes, la carrera de una lagartija buscando cobijo... Todo parecía igual que minutos antes. Menos él, ahora inundado de paz. Cuando dirigió su mirada de nuevo en dirección al mar, la figura de la desconocida había desaparecido.
Nunca comentó a nadie lo que presenció ese día. Sería su secreto, y decidió que no divulgarlo era una buena manera de agradecer a los dioses del mar lo que hicieron por él. Pero de vez en cuando regresaba a aquél lugar extraviado de la costa: El único sitio donde podía escapar de las miserias cotidianas de la vida. Era un hombre afortunado: Su particular sirena era un maravilloso tesoro que nunca dejó de adorar.
A las sirenas que se sienten condenadas por la vida.

2 comentarios:

CRO dijo...

El canto de esta sirena esta queriendo resurgir de las cenizas...
Y ha decidido volver junto a billie holiday...

Paco dijo...

He de pedir disculpas por haberme olvidado de escribir una dedicatoria que tenía pensada para este relato. Ya está solucionado.