domingo, 10 de junio de 2007

AL ACTO ÍNTIMO DE LEER

Mi admirado Antonio Álvarez de la Rosa, en su columna de los domingos en el diario “La Opinión de Tenerife”, hace una reflexión sobre el amor a la lectura y lo que pueden llegar a significar los libros para nuestra formación. Tiene razón cuando dice que leer, en general, no enriquece el bolsillo, ni nos convierte en mejores personas. Pero si que contribuirá a que descubramos quiénes y cómo somos, porque en los libros se encuentra todo el abanico de la condición humana: Las experiencias que no podemos vivir en carne propia por falta de oportunidades o de tiempo, están a nuestro alcance gracias a que podemos sumergirnos en las historias que otras gentes han escrito para nosotros. Y a diferencia del cine, leyendo nos ponemos también en manos de la imaginación porque somos los lectores los que aportamos los paisajes y el retrato de los protagonistas. Incluso a veces es nuestra propia imagen la que se superpone cuando nos llegamos a identificar íntimamente con algún personaje. Pero hay mucho más. Existe una íntima ligazón entre el acto de leer y el de reflexionar. Y éste es el primer paso para convertirnos en seres más libres, puesto que la reflexión nos conducirá inevitablemente a ser capaces de tener nuestras propias ideas y opiniones. Es decir, a madurar.
Desde algunos sectores se preguntan, puede que con ironía, si sirve para algo obligar a leer a los adolescentes, porque a medida que pasa el tiempo, los países desarrollados parecen estar dominados por la tiranía de lo útil. Ha arraigado un cierto prejuicio contra las humanidades en general en beneficio de las ciencias, cuando en realidad no son enemigos sino complementarios para conformar las dos caras del ser humano.
Leer nos enriquece, nos abre la mente. Es imprescindible que nuestros jóvenes lo descubran. Podrán viajar en el espacio y el tiempo: Se trasladarán a lugares remotos, a tiempos pasados, experimentarán todo tipo de aventuras, descubrirán sentimientos... Es un trampolín hacia la fantasía y una cura para el aburrimiento, y ha de ser una herramienta imprescindible en la forja de la propia personalidad. Es, en resumen, la mejor manera que conozco para comenzar el imprescindible viaje que todos debemos hacer hacia la conquista de nosotros mismos.

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