martes, 24 de abril de 2007

SOBRE EL SEXO Y EL PLACER


Alguien (siento no poder recordar quién fue), dijo una vez algo muy hermoso: “Sexualmente, es decir, con mi alma”. El sexo es algo maravilloso al alcance de los humanos, pero nos ha sido secuestrado por un concepto de moral que han impuesto las religiones y siglos de represión, que han dejado una huella indeleble en nuestros genes. Cuantos males del mundo podrían solucionarse si la gente gastase más energías en amarse y menos en otras cuestiones mucho menos fundamentales y, desde luego, más peligrosas.
El viejo adagio de “haz el amor y no la guerra”, nunca pierde actualidad, desgraciadamente. Y la falsa moral sigue campando por sus respetos, haciendo caso omiso a la violencia más gratuita y condenando todo lo que tenga relación con la sexualidad libre y consentida. Las cosas cambian lentamente, pero estremece pensar la cantidad de personas que aún en la actualidad, tienen completamente vedado poder disfrutar de su cuerpo. Y no hablo de barreras sicológicas, que las hay y muchas: En la mayoría de los países africanos, por ejemplo, la ablación sigue siendo práctica habitual. Como siempre ha sido, la represión sexual se ensaña con las mujeres, utilizada como un instrumento de poder por los hombres.
Y luego están las consignas del Vaticano y ciudades santas parecidas. Lo sexual se relaciona con la reproducción, así que todas las opciones que no vayan encaminadas a este fin son enfermedades de la mente o perversiones. Con esta carga detrás, hasta sorprende que aún tengamos oportunidad de disfrutar del sexo y sacarlo definitivamente de los arrabales de la frustración. Claro que el amor existe. Pero el placer no tiene que estar unido necesariamente a ese sentimiento. Al fin y al cabo, cuando tienes a otra persona en tus brazos y el placer se comparte, de alguna manera el amor está presente. Lo que sigue a continuación es un pequeño homenaje a lo que ocurre cuando un hombre y una mujer se unen en esa magnífica ceremonia. Se me ha ocurrido que estaría bien mostrarle mis respetos.

Escribir
Escribir leves trazos en tu epidermis
protegido por la complicidad de la noche:
en la suave curva de tu espalda,
la permanente tentación de tus senos.
Mis manos y mi boca crean leyendas
acariciando el trecho de tus formas,
las filigranas que esconde tu cuerpo,
los sabores que encierras en la piel.
Es tanta la intensidad del sentimiento,
que a veces se agolpan en desorden
las ideas y el deseo que despiertas:
El tiempo nunca será suficiente,
las palabras llegan injustas, erradas,
nunca fieles a esa historia de roces,
de amaneceres que tardan en llegar,
atardeceres envueltos en sombras
y despertares felices a tu lado,
de la tranquilidad que encuentro
en la calma permanente de tu mirada.
En tu contacto se extinguen mis angustias,
y es una necesidad que crece día a día.

Florecimiento
Florecemos.
Los alientos se agitan,
las manos buscan
rincones secretos:
Mi espalda prisionera,
tu escote mareante.
Susurros y gemidos
vuelan por el aire.
Se bajan cierres,
hay prendas tiradas
en la alfombra.
Las pieles vibran,
los cuerpos se unen.
brilla tu silueta
rodeando mis caderas,
tus pechos desafían
el tacto de mis manos.
Y también está tu boca
confundida con la mía.

Movimientos.
Nos mezclamos.
Asoman urgencias,
se desbordan deseos
y una pizca de ternura
salpica nuestros ojos.
Y después queda
tu cabeza en mi pecho,
el cansancio feliz
que siempre nos acompaña.
Descansas. Duermes.
Velo tu sueño como un centinela,
y pienso que el amanecer
quizás nos arrebate esta tregua.


Llamada
Ven...te ofrezco mi boca
llena del rocío fresco
que derramaste en ella...
Mientras,
mis miradas se perdían
en los surcos de tus senos
y mis dedos conquistaban
tus cabellos.

Ven sin prisas
que aún siento tu silueta
en relieve puro
sobre mi cuerpo.
Y los susurros de tu ingle
bailando al ritmo
de la brisa de la tarde.
Pero no pierdas tiempo,
que necesito revivir
la imagen de tu sombra
cuando rozo con ternura
la cima de tus pechos.
Mis manos devotas
quieren murmurarte
caricias en tu espalda.

Así que ven pronto,
sabes de una sola saliva,
de cómo mi respiración
se sincroniza
en los caprichos de tu lengua,
cuando nos perdemos
en ese mar que nos agita.

Si vienes
prometo transitar
los caminos que me llevan
a la promesa cristalina
del terciopelo de tu sexo.
Ya sabes que no hay distancia
que impida la danza
de nuestros muslos enlazados.

Acércate y uniremos
todo lo que nuestros cuerpos
nos permitan.
Retornaremos a la magia
del sincretismo de tus gemidos
y el rito en que te acaricio.
Tendrás mi sonrisa
tatuada en tus párpados,
libres de la tierra de los muertos.

Y cuando llegues
te atraparán mis piernas,
se conjugarán los sexos,
y una lava abrasadora
será el aliento que nos mueva,
hasta que se rinda tu vientre,
hasta que el elixir de la vida
sea un halo de belleza
en tu alma reposada.







1 comentario:

Martha Lucía dijo...

Porque es cierto,sexualmente es decir con mi alma,con el alma,el sexo es de los mas puros lenguajes,es sincero,es natural,es de todos,no tiene edad,es un placer,es un derecho ,es un deleite es una marca,es una huella,es principio,es fin,es en si,todo universo.